miércoles 8 de abril de 2009

Cuentos de Primavera.

(Para una publicación fallida de lo que sería "Palabras para plantar primaveras", recopilación de textos de segovianos y no segovianos dispuestos a escribir. De todas maneras he hecho cambios.)



1. Cuatro mujeres desnudas bailan ante los ojos del cazador.Las mujeres son jóvenes. Lo sabe por la textura de su piel. Danzan apasionadamente sin reparar en su presencia. No existe armonía en sus movimientos. Alzan las manos al cielo y gritan. Después, cansadas, se abrazan y se besan. Se palpan los pechos para después reírse a carcajadas.

El bosque está naciendo. El polen atraviesa el viento. Las mujeres descansan ahora y se trenzan el pelo. Después de un rato, las risas se apagan y se quedan dormidas en su modorra de vino, unas sobre otras. El cazador se marcha. Antes de salir del bosque encuentra a una pareja de ciervos copulando. Ahora entiende el cazador que es época de siembra y que la tierra tiene un nuevo ánimo después del invierno.

2. Después de bañarse en la laguna se dio cuenta de que en las axilas estaban empezando a brotar minúsculas plantas de musgo. En cuestión de pocos segundos, toda su piel estaba cubierta de una fina capa de este verde.

En inocente juego probó el agua de la laguna. Al instante de beber, un dolor en el estómago, al segundo, una quemazón en la garganta y al momento estaba escupiendo rosas. Rosas rojas con espinas que le atravesaban la garganta. La sangre salía a borbotones y allí, en el suelo donde caía nacía un nuevo rosal. Todo su cuerpo era ya un rosal, salvo el pubis que estalló en un tronco de verdes y brotes.



3. Un pájaro cae fulminado al suelo. Su pequeño corazón se ha parado en seco y ahora ni siquiera le posee un temblor. Yo miro hacia el cielo. Los otros van de un lado a otro en frenético vuelo. De lado a lado, en círculos, en vertical. Esta demostración de fuerza ha sido su derrota y las hembras que están posadas en el árbol contiguo se sienten orgullosas. Su belleza vale la muerte de al menos veinte más.

Parece que los otros no cejan en su intento. Al cabo de un rato, sólo queda una veintena en el aire. Los demás descansan en otro árbol. De esa veintena resistente, dos de ellos se retiran y, de los dieciocho restantes, tres caen muertos en el suelo, junto al primero, el más débil.

Ahora quince pájaros sin aliento, ocupan el último en cantos y arrullos para las hembras ahora sí dispuestas.



4. Antes de despertarse lo soñó. Eso es lo único que nos dijo. La encontramos entre dos rocas en la cima del monte. Andábamos por el lugar, junto a los galgos, con intención de cazar una perdiz para la cena.

De repente, de entre aquellas dos rocas, vimos salir en bandada un ejército de mariposas. Los perros corrieron hacia ellas. Intentaban cazarlas lanzando mordiscos al aire. Nosotros nos sonreímos. Aquello era como un regalo.

Según nos íbamos acercando oíamos unos gritos. Gritos de mujer.

Estaba allí, ya sin faldas ni ropa interior, a punto de dar a luz. El niño nació entero, una bella criatura. La madre murió repitiendo que todo lo había soñado antes de despertar.

Entonces supe que aquello era una bendición del cielo y que la tierra tiene caprichos extraños.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha vuelto a gustar mucho, Angélica. Confío en que sigas escribiendo textos como estos. Pienso que eres única como escritora, o lo bastante singular, en el peor de los casos. Quizá prefiera la nueva versión. Gracias por compartirlo. Ojalá te dediques más y más a escribir. Un abrazo,
Miguel

Sofia Elena dijo...

No seas nosnisnis ná y actualizaaaaa!!!!