sábado 21 de noviembre de 2009

Un ejercicio de memoria.


Hoy, caminando, el mejor modo de divagar, me he preguntado cómo recuerdo. De qué manera vuelvo al pasado y analizo las causas que me han llevado a ser hoy. Aquí, en Santiago, el clima acompaña para ciertas ensoñaciones, para volver a ciertos lugares desde una serenidad absoluta del alma. Los rencores se disipan y las pasiones vividas se hacen menos graves y adquieren otra textura, despojadas de pulsiones en las sienes y saliva espesa.

En mi memoria se aparecen siempre las cosas de un modo difuminado. Recuerdo que Bergson hacia referencia en la Evolución creadora a esta experencia. Hablaba de una memoria no objetiva. La memoria que se presentaba como una sinfonía de fondo de aquellos recuerdos más nítidos. La memoria bajo esta forma no es una memoria narrativa, es decir, racional, sino una suerte de cuadro abstracto que se dibuja y desdibuja. Es la memoria de lo emocional.

Esta experencia yo la vivo directamente con los olores. Puedo recordar ciertos olores que están intrínsicamente asociados a periodos de mi vida, a la felicidad, al desasosiego, al amor pero nunca responden a una imagen concreta.

Los olores de mi infancia son los que recuerdo más vivamente. El olor a limpio de las sábanas de la casa del pueblo, el olor del arroyo, las maderas, las heces de las ovejas, el sudor limpio de los niños, la arena mojada, las ollas donde se cocinaba el chorizo, la goma de la rueda de la bici, las babas y los mocos del pañuelo que siempre llevaba mi abuela en el bolsillo. Todos estos y muchos más son los olores que conforman la sinfonía donde después se enmarca el recuerdo de las imágenes. Veo entonces a aquel niño que era mi vecino, y recuerdo después la acción, siempre de un modo parcial y completada quizás en un engaño. Así, creo que la narratividad es el verdadero ejercicio de memoria y cómo decia Bergson, ésta viene precedida de la memoria involuntaria.

La ensoñación es este viaje a paisajes de nieblas. Un mundo nuevo, esencialmente creativo y potencialmente poético. Un mundo que no es, de este modo, recreación de un pasado, sino creación a partir de esta sinfonía envolvente donde no cabe otra que asumir que aquello que llamamos identidad es una ficción más y que si existiese un género fielmente biográfico debería escribirse en otros lenguajes o bien, que no fuese escrito sino vivido en soledad. Es una experencia radicalmente íntima de una materia inefable pero infamable.

Bachelard hizo referencia también a esta cuestión en La poética de la ensoñación donde aproximaba una definición de la misma. La ensoñación es el descanso del ser, el viaje de uno mismo hacia uno mismo sin ningún equipaje conceptual.

Así, la memoria ya no es un ejercicio sino un olvido que nos recupera.

6 comentarios:

Lolo de Untes dijo...

Mmm... nada trivial la reflexión sobre la memoria. Secundo la opinión del recuerdo como creación de la historia a partir de una serie de recuerdos muy vívidos, además de acertada me parece bella esa apreciación.

Me alegra que te guste pasear por Compostela

Bicos

Heimdall dijo...

Non creo que a ensoñación sexa un mundo tan novo en nós mesmo... dende que teño memoria recordo lixeiramente as infinitas historias que dende pequeno pasaban pola miña mente e intentabaas traspasar dalgunha forma o ámbito da realidade transmitídoas os demais. Así non só existirían para min senon tamén na imaxinación dos demais.
A verdade e que e que non e Santiago o que produce este ambiente... e Galicia enteira que che permite entablar unha conversación muda coa natureza.
Un saudo!
P.D: Si, escribinche en galego para levarlle a contraria a Xacobe XD.

rhinslumber dijo...

Vaya lección de escritura querida Angélica. Me han gustado mucho tus últimos posts. Me han enseñando un yo tuyo que no conocía. Me gusta. Un recuerdo vívido: tu cuello.

Javier Travieso dijo...

Me he sentido muy identificado con tu pequeño ensayo.

Debemos distinguir entre Memoria (rememoración formal de actos acaecidos) y recuerdo.

El recuerdo es, efectivamente, un cuadro abstracto, una vaguedad difusa y corrosiva, que permanece oculta y latente en el poso cerebral.

De vez en cuando algo desata el mecanismo: un agua golpea la palanca y el recuerdo terrible sube hasta la superficie, haciéndonos estremecer.

Es caprichoso el recuerdo. No necesita de vastos espacios o vastos sucesos para imprimirse sigilosamente en la conciencia. El más tedioso aburrimiento, el más nimio detalle o el simple transcurrir del tiempo dejan continuamente su marca.

Por ello debemos tener un gran respeto al vivir, a nuestras acciones y a nuestro hablar. Porque nada es inocente: todo entra en nosotros y todo nos lo susurrará eternamente la tremenda evocación involuntaria.

Sigue paseando por Santiago. Preciosa costumbre.

.Lou Sara Salomè. dijo...

El recuerdo de hoy son las fantasías del pasado.
Precioso texto

Quique dijo...

No se que decir sobre esto. Yo me muevo por ilusiones y recuerdos. No se en que se fundamentan estos últimos pero si se que lo que me gusta de ellos es que son mios.

Un saludito!